
Nuestra Inspiración
La historia de la Fundación Segundos de Vida comenzó con un encuentro que cambiaría para siempre la vida de su directora, Patricia Avendaño, educadora de preescolar.
Yuri Dayana Monroy
En compañía de su familia, Patricia visitó el Instituto Nacional de Cancerología con la intención de llevar un momento de alegría, esparcimiento y diversión a los niños que se encontraban allí recibiendo tratamiento. Sin embargo, aquella visita significó mucho más que una actividad de recreación. Al conocer de cerca la realidad de los niños y sus familias, descubrió las enormes dificultades que enfrentan desde el momento en que reciben un diagnóstico de cáncer.
Durante esa primera visita conoció a Yuri Dayana Monroy, una niña de 12 años diagnosticada con osteosarcoma, que, a pesar de las circunstancias que estaba viviendo, tenía una manera extraordinaria de ver la vida. Patricia y Yuri construyeron una amistad muy especial. A través de ella, Patricia comenzó a conocer más profundamente la realidad del cáncer infantil y las necesidades de los niños y sus cuidadores.


Poco tiempo después, Yuri le pidió a Patricia que la ayudara a cumplir dos sueños. El primero era volar en globo, un deseo que no pudo hacerse realidad porque las metástasis en sus dos pulmones hacían que la altura representara un riesgo para su salud.
El segundo sueño cambiaría la vida de muchas personas: crear una fundación que apoyara a sus amigos de batalla.
Patricia decidió acompañarla en ese propósito. Juntas comenzaron a trabajar en la creación de una organización que pudiera brindar apoyo a los niños con cáncer y a sus familias. Así, el 8 de abril de 2013 nació la Fundación Segundos de Vida, con el propósito de mitigar el impacto que el cáncer genera en la vida del niño, su familia y su entorno.
Para Yuri, ver convertido en realidad aquel sueño fue motivo de enorme felicidad. Sin embargo, pocos días después, el 25 de abril de 2013, falleció.
Su partida no significó el final de su sueño. Patricia decidió continuar el camino que habían comenzado juntas y asumir como propia aquella misión: acompañar a los niños con cáncer, ayudar a sus familias y demostrarles que, incluso en medio de las circunstancias más difíciles, todavía hay motivos para sonreír, soñar y esperar.
A partir de entonces nacieron diferentes campañas e iniciativas orientadas a mejorar la calidad de vida de los niños y sus cuidadores.
Una experiencia que transformó la misión
Un año después de la creación de la Fundación, la vida de Patricia también cambió de manera inesperada. Fue diagnosticada con un liposarcoma de alto grado en su pie izquierdo.
A partir de ese momento dejó de conocer el cáncer únicamente desde la experiencia de quienes acompañaba y comenzó a vivirlo en primera persona. El tratamiento implicó la amputación del 60 % de su pie izquierdo y, posteriormente, una recaída que llevó a una nueva cirugía y a la desarticulación total del pie.
Lejos de detenerla, esta experiencia fortaleció su compromiso con la Fundación.
Patricia conoció de primera mano el miedo, la incertidumbre, el dolor, los tratamientos y los cambios físicos y emocionales que trae consigo una enfermedad como el cáncer. También comprendió, desde su propia experiencia, la importancia de contar con alguien que acompañe, escuche y ayude a mantener viva la esperanza.
Ser sobreviviente de cáncer transformó aún más su manera de entender la misión de Segundos de Vida.
Comprendió que la vida, sin importar cuánto dure, está hecha de segundos. Y que cada uno de esos segundos, sumado a los demás, puede convertirse en una historia, un recuerdo, una sonrisa, un abrazo o un sueño cumplido.



En cada niño, adolescente, madre y familiar que acompaña un proceso de cáncer, Patricia encontró personas extraordinarias. Personas que, a pesar de enfrentarse a diagnósticos complejos, tratamientos difíciles y, en muchos casos, condiciones económicas adversas, conservan la fe, la esperanza y las ganas de vivir.
Por eso, en la Fundación Segundos de Vida los llamamos Súper Héroes.
Son niños que, incluso después del dolor, quieren volver a jugar. Quieren conocer, aprender, experimentar, descubrir el mundo y, sobre todo, seguir dando y recibiendo amor.
Segundos que se convierten en vida
Desde aquel encuentro entre Patricia y Yuri han pasado los años, pero el sueño de aquella niña de 12 años continúa vivo.
Hoy, cada niño acompañado, cada familia apoyada, cada sueño cumplido y cada sonrisa compartida representa un nuevo segundo de vida que vale la pena celebrar.
Porque Segundos de Vida nació de un sueño y se convirtió en una misión: hacer que cada segundo cuente.
